
Ocasiones, momentos, segundos fugaces, tal vez, en los que se te presenta una opción única que debes deducir, descubrir como tal y aprovecharla.
Cogerla con todas tus fuerzas.
Si bien es cierto que es dificil distinguir las irrepetibles, únicas, las de una vez en la vida de las que posiblemente vuelvas a encontrarte en el caminar. Incluso es posible que vuelva a presentarse a ti de una forma mejorada. Y es que a veces no lo sabes hasta que no la agarras, porque en eso consiste el chiste: en arriesgar. No vale la pena sino se arriesga, se duda un instante y se teme.
No sabrás cuando se te presenta LA gran oportunidad al 100%, pero hay pequeños signos: ese salto del corazón, ese nudo en la garganta, y ese sí que te grita cada poro de tu piel, cada célula de tu cuerpo.
Pero... si las oportunidades se nos presentan para mejorar nuestra vida... si en muchas ocasiones es algo que deseamos con tesón, que ansiamos...
¿Por qué las desperdiciamos?
¿Por qué renunciamos a ellas?
¿Por qué carajo las dejamos escapar?
¿Por el temor a lo que puede venir después? ¿Por las dudas de si estamos escogiendo lo correcto? ¿Por... por qué?
A veces no logro entenderlo. Tantas dudas, tanto miedo. Vivimos inmersos en un mar de tinieblas y cuando se nos cruza algo para salir de ahí... tememos, dudamos...
No lo entiendo.
¿Y vosotros? ¿Habéis rechazado muchas oportunidades últimamente?