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Deberes para mañana

Hagamos un experimento: cojamos una hoja en blanco y escribamos un simple ejercicio. Describámonos. Escribamos una fácil cuestión: Yo soy.

Indaguemos de qué estamos hechos realmente, de qué se componen nuestras verdades y qué verdades son esas. ¿Somos capaces de escribir más de dos líneas sin subestimarnos? ¿Tenemos la capacidad de hablar con franqueza de nuestras debilidades y nuestros miedos?

¿Qué somos? ¿Quién? ¿Cómo?

Escribamos como si nadie fuese a leernos, como si nos conociésemos por primera vez y no tuviésemos ideas preconcebidas.

¿Nos conocemos en profundidad o simplemente nos hemos ido desdibujando hasta difuminar nuestros límites?

Haced el experimento. Escribid solo líneas llenas de verdades, de esas que dan miedo. Intenta descubrirlo.


¿Quién eres tú?

One last wish

Como una taza de chocolate caliente una fría noche de invierno. Unas manos frente a una chimenea chisporroteante en un día de nieve. Un jersey de lana suave y mullido oliendo a tu colonia favorita. Como su aroma antes de salir por la puerta. Enterrar los pies en la arena de la playa el primer día de verano, esa ola que te sorprende.

Como un prado verde en el que leer tu libro favorito a la sombra de un viejo olmo. Una tarde en sitios olvidados que solo tú conoces.

Como un abrazo inesperado.

Una sonrisa sincera.

Una risa desde el fondo del estómago, fuerte y espontánea.

Como bailar sin que nadie te vea.

Esa brisa fresca de primavera. Un piano tocado con suavidad.

Tu canción favorita. La alegría contagiosa de un cachorrito al verte. El efecto de explotar burbujas de plástico. Saltar sobre la cama, hundirte entre algodones. Agarrar la luna con las manos, rozar las estrellas con los pies. La calidez del sol sobre la piel.

Como la sensación en la yema de los dedos ante la emoción anticipada del primer beso.

El entusiasmo de crear pompas de jabón.

Contener el aliento en un gran salto.

La sensación de volver a casa.

Todo eso te provoca. Todo eso a la vez. Ese susurro en tu oído que no son palabras, es suave melodía que tintinea. Cuando te dice, solo a ti



¿Te quedas conmigo?

Diario de una araña (I)

Quiero hacer constancia al mundo de mi desdicha.

No se dónde me encuentro. Parece ser que estoy confinada en algo con paredes resbaladizas y que transforman la visión de mi alrededor. Es frustrante.

Recuerdo estar correteando entre las flores en busca de pequeños y mortales insectos que poder chupar hasta el tuétano cuando mi prisión me alcanzó. Me rodearon, intenté escapar pero fue en vano y aquí me hallo.

El viaje fue largo, se que cerca de mí había otra compañera que había visto alguna que otra vez por mis inmediaciones, pero se hizo el silencio y me quedé sola.

Unos grandes mamíferos, de los que según mis enseñanzas dicen llamarse humanos, me tambaleó, movió mi habitáculo y se aceron a observarme tras ese material translúcido y deformante de la realidad. Ahora vuelvo a estar parada, quiero subir a la cima para tener mejor posición ante un posible ataque enemigo pero las patas no se agarran bien a este material. No se lo que me aguarda, por ahora montaré guardia.

No tengo alimento ni escondrijo pero no desistiré.

Se despide hasta nueva orden, Pepi.

Con un cartel que apenas se lee de "SE VENDE"

Es una casa desvencijada, venida a menos por los años y las calamidades del tiempo. Oscura y abandonada. Nadie daría dos duros por la mansión destrozada, imponente en días pasados al final del camino de árboles que la custodian. Ahora las hojas muertas inundan el camino desde la verja oxidada a la puerta que chirriaría si pudiese abrirse. Hace tiempo que está anclada.

Las ventanas tapadas ocultan sombras que sirven para asustar a los niños del pueblo con historias inventadas de fantasmas. Suelos que crujen por la más suave brisa que pueda colarse entre las rendijas. Tétricos aullidos provenientes de las cañerías pesadas de plomo. Arañas anidadas en cada rincón, reclamando como suya la propiedad. Frascos rotos en el sótano, pertenecientes a experimentos de una mente brillante o de simples juegos de un niño rarito.

Cuadros de rostros de los que nadie recuerda sus nombres. Jarrones que podrían ser valiosos para algún museo. Cajitas de música que ya no giran, ni cantan, ni bailan. Ni sueñan ni hacen soñar.


Mugriento y polvoriento hogar desechado, en el que espera, frente a la chimenea atascada, un fantasma desde hace años aburrido.

Michelle

Tu día comienza cuando termina para el resto de los mortales. Despertándote cuando el sol empieza a ponerse, en esa cama de sábanas de lija y bultos por los muelles. En ese hotel del que no sabes ni el nombre, sin el tipo del que no recuerdas ni su cara. Por suerte dejó el dinero donde le dijiste, no tanto como pediste. Al menos te dejó dormir.

Desperezate en la ducha y date prisa, quizá el conserje no esté de muy buen humor si el tiempo de la habitación ya ha cumplido. Deja el tanga y sal por la escalera de incendios.
Siempre con prisas, Michelle.

La ciudad, la otra ciudad, empieza a emerger. Calles mugrientas donde te encuentras a unas ¿amigas? ¿compañeras? que saludas al pasar. Te quedas mirando fijamente a una pandilla de críos que no saben dónde se mente, ni qué se meten. Hace tanto que el colegio pasó para ti. Los dejas atrás mientras recuerdas cuando cambiabas besos por coca. Ahora intercambias algo más. Qué más da. Un chute o dos. A mamá le iba más la heroína, nunca te acuerdas de llevarle flores.A quién coño le importa. Es un trozo de tierra sin nombre, un anónimo más que fue engullida por las calles. .

Calles por donde tú ahora caminas. Te dices que no te pasará lo mismo. Pero calle abajo vas.

Quizás si se lo pides, papá te deje salir en una de sus pelis. No tienes pinchazos, tú no te pinchas.
Los tacones apenas se escuchan por el adoquinado. ¿Qué día es hoy, Michelle? ¿Martes, jueves? Quizás consigas un poco de polvo blanco en el lugar de River, así podrás aguantar toda la noche. Puede que consigas que te inviten a algunas copas si te maquillas los labios de rojo. Siempre limpia, labios rojos. No es una vida honrada pero ¿hoy día qué vida lo es? Pero siempre aseada, así te distinguen de los moribundos que inundan las aceras.

Eras una chica guapa a la que se le fue de las manos eso de divertirse, eso de revelarse, eso de… ¿qué era? ¿qué querías? Tu vida parece un solo desafinado.

¿Qué día es hoy, Michelle? ¿Martes, jueves?
Quizás puedas dormir, pero lo que quieres es seguir.


Dime, ¿aún sueñas que te cantan al oído aquella canción de los Beatles?



Michelle, ma belle…

Ella

Rutina.

Todo igual. La misma gente, los mismos deberes, los mismos temas, lo mismo todo. Desayunar, saludar, mochila al hombro. Siempre la misma ruta. Las mismas risas falsas. Los mismos chistes tontos. La misma superficialidad de siempre. Los mismos temas importantes sin importancia.

Vuelve a casa por la misma ruta, viendo los mismos rostros. Come lo habitual, habla de lo normal. Sin emoción, sin nada que le haga sonreír de verdad. Los mismos programas de televisión y otra vez enfrente de los mismos deberes de siempre.  El mismo vacío en la boca del estómago, las mismas ganas sin ganas.

Es tarde, casi entrada la noche, cuando sale de la ducha. Largo rato dejando caer el agua por todo su cuerpo. A pies descalzos, solo la toalla alrededor de su cuerpo se mira en el espejo que hay en su habitación y mira con desgana el reflejo que le ofrece: el pelo despeinado y pegado al rostro y la piel de gallina, los hombros huesudos, los brazos delgados. Deja caer la toalla y abre el armario. Busca, porque sabe que lo escondió casi al fondo, ese nuevo vestido que aún no ha estrenado. Lo pasa por su cabeza y el vestido ligero y vaporoso le viste la piel desnuda. La ropa interior de algodón es confortable y cálida. Abre esa cajita pequeña que guarda celosamente bajo la cama y delante del espejo se pinta los labios. Lo hace sin prisas y con mano inexperta, intentando no salirse. Intentando que el perfilador del ojo no se mueva demasiado.

Se peina solo un poco, desenredando con los dedos la melena castaña. Se calza unas sencillas chanclas y abre la ventana. Siente el viento fresco de la noche en su piel y por primera vez desde hace mucho, se atreve a sonreír. Porque está viva. Porque se siente bien. Porque es un poco más libre.

Sale de su cuarto.

“¿George?”

Ignora a sus padres. 


Ignora las miradas curiosas de sus vecinos al salir a la calle. Ignora a todo y a todos.

Está viva y tenía todo un mundo de posibilidades esperando, solo esperando a que se decidiera. No piensa desaprovecharlo.

...




Si la ciudad callase, solo un momento, podría oir a las estrellas brillar.



Insomnio



Las 6 de la mañana, llueve en la calle. El agua repiquetea en la ventana.

Se escucha un llanto a lo lejos, el niño no puede dormir. Tu tampoco.

Nadie le ha dicho como protegerse de la realidad que acecha en la noche. A ti se te ha olvidado.

El borracho se tambalea en la acera, buscando sin éxito donde resguardar sus huesos doloridos mientras pasa la tempestad. Preparándose para otro día de resaca y necesidad.

Necesidad.

Las luces tintinean amarillentas en las farolas. Casi únicos testigos de los secretos que solo salen con la lluvia.

Hay alguien estudiando en el 4º izquierda, bloque de enfrente. Hay una pareja durmiendo abrazada, piso sin número del edificio de la mente.

Hay una insomne analizando la noche.



http://www.youtube.com/watch?v=W2N5iyQuFWI&feature=fvst - (la banda sonora de la noche)

Palabras



Se dice demasiado y demasiado poco.

Palabras vacías, carentes de sustancia, sentimiento o emoción. Discursos kilométricos que quieren decir tanto y no dicen nada. Multitud de idiomas, vocabularios y expresiones diferentes. No son suficientes para describir lo que a veces cruza por nuestra mente y se queda pillado en el pecho.

Eso. Esa sensación. Sin razón.

Imposible encontrar las palabras adecuadas, porque al plasmarlas en un escrito pierden el matiz, el deseo, la ilusión, el eco. Sonidos vacíos.

Así que olvida las palabras. Recuerda las miradas.

El cielo llora estrellas que nadie contempla.

Miro a la ventana


Miro a la ventana y un reflejo que desconozco me mira incierto. El ruido de una ciudad de paso se escucha del otro lado. No comprendo por qué llegué hasta aquí. No encuentro las ganas que me empujaron a venir.

Observo la cama deshecha, no hay nada más en la habitación. Nadie más en la habitación.
Es fía, cargada de soledad desconcertante.

Y el arpa espera solitaria en un rincón, no sabe por qué Lázaro la despertó prometiéndole misonjas de cristal, pormetiéndole versos que no eran de verdad.

Ahora espera en el rincón olvidado, esperando que la melodía vibre en ella y sepa. Sepa por qué tiene que volver a andar.

Mientras observa: la cama deshecha. No hay nada más en la habitación.

Teatràdum y musas inesperadas



Que fue una noche legend wait for it... dary! no hace falta ni que yo lo diga. Que la obra fue genial y nos divertimos preparándola y representándola queda demasiado obvio. Que me alegra haber formado parte de todo esto es decir poco. Sobran las palabras porque se quedan en nada al escribirlas sobre un material físico. Solo os puedo decir: Muchas gracias a todos ^^



Por otro lado, esta última obra, me ha sorprendido más de lo normal. Y es porque mi inspiración dijo que debía escribir sobre uno de los personajes que menos protagonismo tiene y que sin embargo a mi me cautivó más que el resto. Salía poco, un par de frases y se acabó. Nadie recordaba a la amante despechada. Pero yo debía escribir sobre ella, ¿por qué? no lo se, solo sé que escuchando esta canción: Wicked game- Stone Sour

Salió esto:

(recomendable escuchar la canción mientras se lee el texto)


Nobody loves no one



Te quiero. Desnudo dentro de mi cama.
Que seas solo mío durante dos días completos.
Ser solo tuya.

Susúrrame mentiras al oído, mentiras que ambos creamos solo en apariencia. Dime que no has visto ojos más bonitos. Júrame que siempre me amarás. Prométeme que nunca nos separaremos.
Hagamos que los relojes dejen de girar, hagamos que el tiempo deje de correr.

Tímidos y pasionales. Cohibidos por el fuego que nos embarga. Con la dulzura de la acidez calmada.

Déjame besarte cada peca que cubre tu rostro, cuenta con tus labios los lunares que envuelven mi cuerpo. Abrázame como si no hubiese mañana. Porque no lo hay fuera de esta habitación.

Dime te amos de adolescente que desconoce su significado. Susúrrame te quieros cargados de sentimientos: contradictorios, falsos y fugaces como una estrella en un cielo sin luna. Sentimientos tan intensos que me corten la respiración.

No hables del mundo y lo que hay fuera.

Solo déjame perderme en esos ojos tan oscuros y profundos que hipnotizan diciendo tanto en tan poco.

Y olvídame.
Cuando llegue el amanecer olvídame.
Vete cuando aún esté dormida. Sin notas ni regalos. No dejes prendas, ni flores. No más falsos te amos. Llévate tu olor de mi pelo.
Deja un beso, el único sincero.

Al amanecer volveremos a nuestras vidas. A ser desconocidos. A que nuestros ojos ni se miren, a que jamás se rocen nuevamente nuestros dedos.
Volveremos a saludos formales. A ser amigos de conocidos desconocidos.
A vivir lo que nos marque el destino.

Y cuando el tiempo pase y la impotencia de la sobrecarga de nuestras vidas nos venza de nuevo. ..Nos encontraremos de nuevo al borde del precipicio, mirando a un futuro incierto en cada mañana.

Y volveremos, a aquella habitación. A desnudarnos el alma. A susurrarnos mentiras que querríamos creer por encima de todo. A resetear la vida en lo que duran dos días.

Suavemente, lentamente


Que si yo te dijera
que quiero más emoción
Volar por encima de todo
viendo los mares
soriendole a todo.

Suavemente, lentamente
me levanto
sintiendo mil emociones
Recordando caras sin nombre.

A veces me sorprendo
sintiendo que vuelvo a empezar
Nada que te haga pensar
que yo siento como todos los demás.

Escalofríos que te recorren
el mañana se quedó atrás
sin que pudieras hacer nada
Dime ahora lo que buscas en la oscuridad.

Suavemente, lentamente
tientas a tu suerte andando sobre cristales
Quizás imaginas que caminas bien
Que algún día llegarás

A veces me sorprendo
sintiendo que llega el final
Y nada de lo que intente
va a cambiar que el mundo gira y girará

Suavemente, corre el tiempo
y corres sin mirarme más
Quizás sabes que estás llegando.

Suavemente, corre el tiempo
y todo lo que aprendiste
ya no te sirve, se te olvidó.

A veces siento...



by Mei

Cansada



Cansada de revoluciones que solo hablan de amor,
de nociones vanas y sentidos baratos
De rebeldes que no piden por qués
y se contentan en el qué.
Luchamos, algunos sí luchamos,
por causas perdidas que pocas memorias recuerdan
por mí y por todos mis compañeros
los que valen la pena y los que casi no
Por arriesgar algo más que un "celular"
Gritar a los cuatro vientos
y dejar a un lado pintadas de criajo.
Cansados de garabatos de "Silvia te quiero"
cansada de oir te amos falsos de dos días
que no recuerdan destinatarios
De mentes vacías que no saben volar
sin pirulas y extorsionar, sin engañar y amenazar.
Cansada de revolucionarios de tres al cuarto
de avanzar a pasos de caracol.

Caminos amarillos



Siguiendo el camino de baldosas amarillas que yo misma creé
subí al cielo sin saber
que las puertas estaban cerradas
y una ángel me aseguró
que mi destino no era ese
y cesé

de buscar palomas de la paz
bajé
al único que era mi lugar
Al infierno que conozco bien
del que me alejé

Afrontar
de la manera que mejor convenga
Caminar
sobre brasas ardientes y
Soportar
el aliento de azufre que carga el mal
Por saber
que ese infierno tiene cuenta atrás
Que acabará

Mientras se combatirá
con todo el arsenal
Por el camino de baldosas amarillas
que no lleva a ningún lugar

Letra por Mei




Ando queriendo ponerle música, pero con mi guitarra "mellada" no hay manera. Fuck.

Reencuentros IV



Desperté de mi letargo entre truenos y relámpagos. Olas enormes movían el barco casi hasta el punto de que zozobrase. Estremecedor. Por fín el vaivén del mar bajo los pies. Abrí los ojos y todo lo que vi fue gris. La lluvia me empapaba la ropa, un vistazo alrededor me percató de que la tripulación inconsciente aquí y allá sobre la cubierta empezaba a despertarse.

Me incorporé con algo de dificultad y me agarré a la balaustra para no caer al mar y deparé en todo alrededor. El cielo y el mar tenían un color gris y ambos rugían con furia, el viento hinchaba las velas hasta el punto de rasgarlas y la línea que separaba cielo y agua se fundía haciéndolos uno solo. Sólo un nombre se escapó en un susurro entre mis labios y cómo si oyera un relámpago lo iluminó todo. Bienvenida de nuevo, Calipso.

Me encaramé vi todo con claridad: detrás, una multitud de barcos piratas con sus banderas izadas y ondeando al viento. Delante, un panorama estremecedor: Dos buques, La Perla y el Holandés, enzarzados en una batalla épica en mitad de un gran remolino mientras toda una flota de hostiles de la Armada esperaban detrás como buitres ante su presa. Si La Perla caía, no habría opción para los nuestros. Y entre la batalla de titanes y el resto de la Armada, dos buques. Mi presa era uno de ellos.

De repente el Holandés desapareció sin dejar rastro y el mar fue calmándose poco a poco. Ante tan contradictorio desenlace uno de los buques que esperaba ante la flota de la Armada fue, discretamente, poniendo pies en polvorosa cometiendo así el traspiés que lo identificaba claramente. Esa fue su perdición.

Salté de las jarcias y miré a mi tripulación que entre gruñidos maldecían llegar empapados. Pero ahí estaban todos, en pie, de vuelta al mundo del que no nos debieron exiliar nunca. Ahora era nuestro turno.

No hacía falta ningún discurso heróico, ninguna palabra valiente que alentara sus corazones, ningún grito de guerra tópico de serie b. Sus ánimos ya estaban cargados con ansias de venganza y ni el más logrado de los pregones haría justicia a lo que deseaban.
Solo una orden simple que todos conocían, era todo lo que esperaban:

-A vuestros puestos.



Reencuentros I
Reencuentros II
Reencuentros III


El otro día me acordé de que nunca terminé este...err...spin off? y viendo otra vez PdC: en el fin del mundo me vino la poca inspiración para dar forma a esta introducción de la batalla final ... Algún día de estos colgaré esa batalla xD

Oportunidades



Ocasiones, momentos, segundos fugaces, tal vez, en los que se te presenta una opción única que debes deducir, descubrir como tal y aprovecharla.

Cogerla con todas tus fuerzas.

Si bien es cierto que es dificil distinguir las irrepetibles, únicas, las de una vez en la vida de las que posiblemente vuelvas a encontrarte en el caminar. Incluso es posible que vuelva a presentarse a ti de una forma mejorada. Y es que a veces no lo sabes hasta que no la agarras, porque en eso consiste el chiste: en arriesgar. No vale la pena sino se arriesga, se duda un instante y se teme.

No sabrás cuando se te presenta LA gran oportunidad al 100%, pero hay pequeños signos: ese salto del corazón, ese nudo en la garganta, y ese sí que te grita cada poro de tu piel, cada célula de tu cuerpo.

Pero... si las oportunidades se nos presentan para mejorar nuestra vida... si en muchas ocasiones es algo que deseamos con tesón, que ansiamos...

¿Por qué las desperdiciamos?

¿Por qué renunciamos a ellas?

¿Por qué carajo las dejamos escapar?

¿Por el temor a lo que puede venir después? ¿Por las dudas de si estamos escogiendo lo correcto? ¿Por... por qué?

A veces no logro entenderlo. Tantas dudas, tanto miedo. Vivimos inmersos en un mar de tinieblas y cuando se nos cruza algo para salir de ahí... tememos, dudamos...

No lo entiendo.


¿Y vosotros? ¿Habéis rechazado muchas oportunidades últimamente?

Mirar al sol




Levantas la mirada al sol y los rayos te irritan los ojos. Aún sabiendo que es doloroso no puedes más que seguir mirándolo, porque quieres que sea la última imagen que quede grabada en tu memoria. Las lágrimas caen por tus mejillas y se evaporan antes de llegar a tu barbilla. Desaparecen como desaparecen ahora tus recuerdos. Quemados en la luz brillante de una gran fuente de gas incandescente. Tus ojos empiezan a velarse, ya solo vez luz. Tan pura, tan brillante, tan clara… Todo lo demás ya carece de interés. Y en esa niebla de luz tu mirada se pierde para siempre. Ya no habrá más oscuridad en tus días, habrá luz en tus noches. No tendrás frío en tu mirada los días de verano, ya te acompañará la calidez en los días de invierno. El sol en tus ojos, la luz del recuerdo borrado. La luz del día sobre tus pupilas, para siempre. La sonrisa del sol en su memoria.





No es sano no dormir

Lunas de Madera



Que me pongo a escuchar música y en mi mente se cambian las letras para dar nuevas formas:

Si he escuchado las voces traicioneras
Aún dudo si me amargo
Mirando hacia otro lado
Satisfecho de que he hecho lo que hecho
Ignorando si está bien o no

Y aunque fuera se ocultan de la niebla
Yo me enfrento con ella
Mejor no dar un paso atrás
Condenando, mirar quizás a ella
Y dejar que me marchara yo

Y dejar a un lado las razones que me dicen que no
Que no me he largado yo
Cogiendo la locura de la noche a la que grita mi voz
Y luego todo pasará

Suspirando a lunas de madera
Y odiando las riquezas
Que deja tarde el corazón
Contemplando la vida desde fuera
Haciendo muros de cartón

Si tuviera que hablarte sobre eso
Me mordería la lengua
Y ocultaría información.
Pues no quiero que sepas de esos sueños
En los que no era solo yo.

Y volver la vista
Y mirarte en el espejo de ayer,
Y al desaparecer
Quererme solo un rato
Cuando vuelvo la cabeza y contar
Cuantas piedras me quedé.

Y dejar a un lado las razones que me dicen que no
Que no me he largado yo
Cogiendo la locura de la noche a la que grita mi voz
Y luego todo pasará

Grito porque no quiero pensarlo y volver a caer
El antifaz me cubre siempre el sentido
Y si las cosas jamás son como dicen que son
No me preocupo y vivo mi camino.

Grita si quieres mejorar ese adiós que se fue
Que no te cubran siempre de olvido
Y si a cada hola le sigue después un adiós
Llora solo cuando lo hayas sentido



Nada más que decir, por ahora

Hundirse


Se descalzó. Las piedras le pinchaban los pies. Estaban húmedas, y el contraste le provocó un escalofrío. Se quitó también el vestido quedándose desnuda delante de aquel paraje.

¿Qué hacía allí? Lo cierto es que lo ignoraba. No sabía cuánto tiempo llevaba allí, contemplando. Contemplando la inmensidad que siempre la emocionaba, le hacía llorar. Lo único que supo es que no podía seguir así, sentada, sin hacer nada, solo mirando.

Paso a paso fue recorriendo el espacio que la separaba de aquella inmensidad. Tropezó con las piedras, los pies le dolían. Pero siguió y pronto la espuma le lamió los pies.

No notó el cambio de temperatura, no sintió como el agua le iba mojando cada vez más. Sólo se dejó arrastrar, un paso y otro más hasta que ya no pudo andar más. Entonces nadó. Como si su cuerpo no fuese el suyo, moviendo las piernas que no sentía, los brazos que no controlaba.

Contempló y solo vio ese color triste gris azulado, revuelto. Sólo se veía mar. Sólo veía el mar. Y no supo si lloró o era el agua salada lo que le surcaba por la cara. Levantó la vista hacia el cielo y contemplo la diferencia de color, de ese azul salpicado de blanco y gris. Extendió la mano hacia arriba y quiso tocar el sol. No supo cuando dejó de ver más allá de su mano.

Se hundió. Abajo, presión. Sintió el frío del agua empaparle toda la piel, calándole hasta las entrañas. Sintió cómo sus pies se movían, sintió ahora sus brazos, suyos, braceando sin control. Y en contraste al frio sintió calor, fuego, en sus pulmones que gritaban de dolor. Le invadió la desesperación y por un momento se dejó llevar por el pánico.

Entonces recordó: la orilla, la gente, que no tenía por qué ahogarse en ese mar.

Sacó fuerzas que pensaba no le quedaban. Braceó, pataleó y boqueó aire y agua a partes iguales. Movió cada agarrotado músculo de vuelta a la orilla, luchó contra corrientes y oleaje. Nadó. Respiró. En cada bocanada un esfuerzo más, con cada brazada acortaba distancias. Y se despidió, del abrazo frío y gélido del voluble mar.

Salió, jadeando, cojeando y trastabillando, con cada músculo en tensión. Sentada de vuelta en la orilla su cuerpo desnudo se estremeció, supo qué hacía allí: Despertar, por fin.

Lluvia


Me encanta cuando llueve. Abro la ventana y me embobo contemplando la lluvia, sintiendo el olor a tierra mojada, estremeciéndome con los truenos.
Es entonces cuando te pones en ese estado de melancolía y añoranza. En el que te da por pensar y ponerte filosófica, cuestionar el por qué de la mermelada de fresa y cómo vivíamos antes de los batidos de frutas del bosque.

Para acompañar al sonido de la lluvia pones algo de jazz o blues, suave, para que ese estado de melancolía no se vaya demasiado rápido. La inspiración suele acompañar, te visita siempre en el momento justo. Agarras la libreta y el boli que tengas más a mano y escribes. No sabes qué, solo pones palabras sobre el papel. Sabes que tenías mucho que decir, que expresar, pero no terminas de entender qué era.

Un trueno suena justo cuando la melodía sube de intensidad, que bonito queda, piensas. Te ha sacudido por dentro y la idea sobre la que escribías se ha desvanecido como la niebla de una mañana de invierno.

Ya no puedes escribir y solo contemplas la lluvia caer. La música sigue sonando, te has propuesto no pasar ninguna canción, pese a que cada una te recuerde cosas y sensaciones. Cosas que te habías propuesto no recordar.

Pero te lo permites, no sabes muy bien por qué pero hoy te lo permites. Solo mientras llueva. Solo hasta entonces.

Y como si lo supiese, con el último acorde de guitarra el agua deja de caer.

Sale el sol, es hora de sacudirse la lluvia.














Será este pueblo, que no me deja quedar con nadie para que no diga tonterías de estas.