Ella

Rutina.

Todo igual. La misma gente, los mismos deberes, los mismos temas, lo mismo todo. Desayunar, saludar, mochila al hombro. Siempre la misma ruta. Las mismas risas falsas. Los mismos chistes tontos. La misma superficialidad de siempre. Los mismos temas importantes sin importancia.

Vuelve a casa por la misma ruta, viendo los mismos rostros. Come lo habitual, habla de lo normal. Sin emoción, sin nada que le haga sonreír de verdad. Los mismos programas de televisión y otra vez enfrente de los mismos deberes de siempre.  El mismo vacío en la boca del estómago, las mismas ganas sin ganas.

Es tarde, casi entrada la noche, cuando sale de la ducha. Largo rato dejando caer el agua por todo su cuerpo. A pies descalzos, solo la toalla alrededor de su cuerpo se mira en el espejo que hay en su habitación y mira con desgana el reflejo que le ofrece: el pelo despeinado y pegado al rostro y la piel de gallina, los hombros huesudos, los brazos delgados. Deja caer la toalla y abre el armario. Busca, porque sabe que lo escondió casi al fondo, ese nuevo vestido que aún no ha estrenado. Lo pasa por su cabeza y el vestido ligero y vaporoso le viste la piel desnuda. La ropa interior de algodón es confortable y cálida. Abre esa cajita pequeña que guarda celosamente bajo la cama y delante del espejo se pinta los labios. Lo hace sin prisas y con mano inexperta, intentando no salirse. Intentando que el perfilador del ojo no se mueva demasiado.

Se peina solo un poco, desenredando con los dedos la melena castaña. Se calza unas sencillas chanclas y abre la ventana. Siente el viento fresco de la noche en su piel y por primera vez desde hace mucho, se atreve a sonreír. Porque está viva. Porque se siente bien. Porque es un poco más libre.

Sale de su cuarto.

“¿George?”

Ignora a sus padres. 


Ignora las miradas curiosas de sus vecinos al salir a la calle. Ignora a todo y a todos.

Está viva y tenía todo un mundo de posibilidades esperando, solo esperando a que se decidiera. No piensa desaprovecharlo.

GUÍA DEL VACÍO DEL ESCRITOR

¿Qué escribir cuando se está escribiendo?

Como si fuese un título de una peli de sobremesa, el último estreno rosa de Hollywood u otro nombre cualquiera en la estantería olvidada de un videoclub. ¿Cómo, que todavía no se han extinguido? Tiempo al tiempo.

Pero volviendo a la primera frase, a lo que nos atañe aquí hoy: ¿Qué escribir cuando tienes que escribir?

Cualquier don, afición, cualquier cosa que se te de medianamente bien (no es ego, es mi realidad, no molestéis a mi nube) se oxida si no lo usas. Eso me está pasando. Pasé de escribir todos los días cosas que veía, pensaba o sentía a refugiarme en la escritura de ficción y de ahí a la nada. Ya no hay ni lo uno ni lo otro.

¿Alguien tiene algún manual de autoayuda de cómo perderle el miedo a escribir? Me rehusaré a leerlo, pero prometo mirarlo mal durante al menos un par de segundos antes de olvidarlo por siempre. Un minuto si me apuráis mucho.

Esto es como un ejercicio, unas palabras insustanciales cada pocos días (no difiere mucho de lo que ya hacía en su tiempo) para ver si la hoja en blanco deja de asustarme tanto. Ni que viniese del inframundo.

LONG LIFE AND FUCKYOURSELF








MUAKS

Me he dado cuenta

...que no, no te quiero a ti. Quiero lo que sentia contigo. Sin más.

Preguntas

¿Cuándo es bue momento para olvidar?

¿Quién decide qué nos debe afectar?

¿Quién nos enseña el camino a seguir, nos dice cuándo torcer o en qué cruce parar?

¿Por qué nos caemos?

¿De qué sirve la hipocresía enmascarada?

Si no confías en ti mismo, ¿cómo aprendes a confiar en los demás?

Si no tienes respuestas, ¿vale la pena preguntarse?