Un mundo moderno ¿imposible en un mundo verde?



Hoy me he topado, en una de esas webs verdes y salvemos el planeta, un relato de cómo una joven ha pasado a no generar basura, a reutilizar todo, a comprar ropa de segunda mano y, en definitiva, a ser más feliz porque no es consumista ni materialista ni todos esos estigmas del primer mundo. Me parece fantástico por ella y por todos los que siguen en mayor o menor medida ese camino, muy loable. Pero siempre encuentro esos textos cargados con un atisbo de prepotencia y pedantería, de mirar por encima del hombro a aquellos que no somos tildados de “abraza árboles”.

Soy respetuosa con el medio ambiente, creo que aporto mi granito de arena. No dono X dinero a ONGs para salvar el planeta y luego me desentiendo, creo que el cambio parte de uno mismo. Pero tampoco soy budista, ni naturista, ni todo lo que tenga que ver con eso. Me preocupo de la naturaleza, como humana.

El ser humano es el único animal que ha sido capaz de transformar a gran escala y en gran medida el mundo que le rodea. Somos capaces de crear cosas increíbles. De avanzar. Se llama evolución social. Algunos cambios (como todo) no son buenos, otros sí. No niego que somos la especie que está poniendo en peligro el equilibrio del ecosistema pero tampoco me desnudo y salgo a la calle a gritar por la supervivencia de la  Madre Tierra y llamo “demonios” a aquellos que tienen un móvil en la mano.

Me gusta la tecnología, me gustan los avances que trae el mundo moderno, cómo podemos hacer cosas extraordinarias que hace siglos ni siquiera seríamos capaces de atisbar. Podemos dirigir todo eso a un mundo más sostenible. Entonces, pregunto: ¿vivir en una sociedad moderna me hace menos consciente de la naturaleza de mi alrededor por no vestir de segunda mano y tener la desfachatez de generar deshechos?


Respeto enormemente a aquellos que quieran vivir así, con lo mínimo, fabricando sus propios materiales y demás. No digo que sea una derrochadora o que vaya tirando petróleo por la calle, pero me gusta comprar ropa nueva. Me gusta comprar cosméticos (e intento que sean lo más naturales posibles) y me gusta lo que me ofrece esta Era digital llena de avances. Me gusta la ecología y me gusta garabatear en folios sueltos, comprar o leer libros de papel y leer las noticias en mi móvil.

No creo que el avance y la ecología estén reñidos, no tienen por qué ser términos contrapuestos. Yo no juzgo a aquellos que quieren basar su vida de un modo naturalista, ¿por qué entonces tengo que disculparme por no comprar de segunda mano o ir con un frasco en el bolso para las especias a granel? Ese doble rasero de moralidad, que se cree superior, es lo que hace que parezca imposible que lo moderno vaya de la mano de lo ecológico.

Deberes para mañana

Hagamos un experimento: cojamos una hoja en blanco y escribamos un simple ejercicio. Describámonos. Escribamos una fácil cuestión: Yo soy.

Indaguemos de qué estamos hechos realmente, de qué se componen nuestras verdades y qué verdades son esas. ¿Somos capaces de escribir más de dos líneas sin subestimarnos? ¿Tenemos la capacidad de hablar con franqueza de nuestras debilidades y nuestros miedos?

¿Qué somos? ¿Quién? ¿Cómo?

Escribamos como si nadie fuese a leernos, como si nos conociésemos por primera vez y no tuviésemos ideas preconcebidas.

¿Nos conocemos en profundidad o simplemente nos hemos ido desdibujando hasta difuminar nuestros límites?

Haced el experimento. Escribid solo líneas llenas de verdades, de esas que dan miedo. Intenta descubrirlo.


¿Quién eres tú?

One last wish

Como una taza de chocolate caliente una fría noche de invierno. Unas manos frente a una chimenea chisporroteante en un día de nieve. Un jersey de lana suave y mullido oliendo a tu colonia favorita. Como su aroma antes de salir por la puerta. Enterrar los pies en la arena de la playa el primer día de verano, esa ola que te sorprende.

Como un prado verde en el que leer tu libro favorito a la sombra de un viejo olmo. Una tarde en sitios olvidados que solo tú conoces.

Como un abrazo inesperado.

Una sonrisa sincera.

Una risa desde el fondo del estómago, fuerte y espontánea.

Como bailar sin que nadie te vea.

Esa brisa fresca de primavera. Un piano tocado con suavidad.

Tu canción favorita. La alegría contagiosa de un cachorrito al verte. El efecto de explotar burbujas de plástico. Saltar sobre la cama, hundirte entre algodones. Agarrar la luna con las manos, rozar las estrellas con los pies. La calidez del sol sobre la piel.

Como la sensación en la yema de los dedos ante la emoción anticipada del primer beso.

El entusiasmo de crear pompas de jabón.

Contener el aliento en un gran salto.

La sensación de volver a casa.

Todo eso te provoca. Todo eso a la vez. Ese susurro en tu oído que no son palabras, es suave melodía que tintinea. Cuando te dice, solo a ti



¿Te quedas conmigo?

Diario de una araña (I)

Quiero hacer constancia al mundo de mi desdicha.

No se dónde me encuentro. Parece ser que estoy confinada en algo con paredes resbaladizas y que transforman la visión de mi alrededor. Es frustrante.

Recuerdo estar correteando entre las flores en busca de pequeños y mortales insectos que poder chupar hasta el tuétano cuando mi prisión me alcanzó. Me rodearon, intenté escapar pero fue en vano y aquí me hallo.

El viaje fue largo, se que cerca de mí había otra compañera que había visto alguna que otra vez por mis inmediaciones, pero se hizo el silencio y me quedé sola.

Unos grandes mamíferos, de los que según mis enseñanzas dicen llamarse humanos, me tambaleó, movió mi habitáculo y se aceron a observarme tras ese material translúcido y deformante de la realidad. Ahora vuelvo a estar parada, quiero subir a la cima para tener mejor posición ante un posible ataque enemigo pero las patas no se agarran bien a este material. No se lo que me aguarda, por ahora montaré guardia.

No tengo alimento ni escondrijo pero no desistiré.

Se despide hasta nueva orden, Pepi.

Los que siempre dirán 'No podrás'

¿Por qué la gente se empeña en decirnos qué podemos o no podemos hacer, soportar, conseguir? ¿Por qué tanto afán por no dejar a la gente superarse? ¿Tan asustados están de sus propias limitaciones que tienen que poner impedimentos en las vidas de los demás? ¿Por qué echar mierda en los demás porque no podeis lidiar con la que ya huele en vuestro salón? Nada es fácil y machacar constantemente repitiendo lo dificil que será conseguirlo a algunos solos nos hace tener más ganas de hacerlo. De superarnos. Porque nadie está en disposición de decidir qué estamos dispuestos a aguantar por algo. Apretar los dientes y rugir porque no me rendiré, por doloroso que sea. Me levanto y te lo restriego en la cara. Las veces que haga falta. Porque yo sí le eché cojones a la vida.

Con un cartel que apenas se lee de "SE VENDE"

Es una casa desvencijada, venida a menos por los años y las calamidades del tiempo. Oscura y abandonada. Nadie daría dos duros por la mansión destrozada, imponente en días pasados al final del camino de árboles que la custodian. Ahora las hojas muertas inundan el camino desde la verja oxidada a la puerta que chirriaría si pudiese abrirse. Hace tiempo que está anclada.

Las ventanas tapadas ocultan sombras que sirven para asustar a los niños del pueblo con historias inventadas de fantasmas. Suelos que crujen por la más suave brisa que pueda colarse entre las rendijas. Tétricos aullidos provenientes de las cañerías pesadas de plomo. Arañas anidadas en cada rincón, reclamando como suya la propiedad. Frascos rotos en el sótano, pertenecientes a experimentos de una mente brillante o de simples juegos de un niño rarito.

Cuadros de rostros de los que nadie recuerda sus nombres. Jarrones que podrían ser valiosos para algún museo. Cajitas de música que ya no giran, ni cantan, ni bailan. Ni sueñan ni hacen soñar.


Mugriento y polvoriento hogar desechado, en el que espera, frente a la chimenea atascada, un fantasma desde hace años aburrido.

Michelle

Tu día comienza cuando termina para el resto de los mortales. Despertándote cuando el sol empieza a ponerse, en esa cama de sábanas de lija y bultos por los muelles. En ese hotel del que no sabes ni el nombre, sin el tipo del que no recuerdas ni su cara. Por suerte dejó el dinero donde le dijiste, no tanto como pediste. Al menos te dejó dormir.

Desperezate en la ducha y date prisa, quizá el conserje no esté de muy buen humor si el tiempo de la habitación ya ha cumplido. Deja el tanga y sal por la escalera de incendios.
Siempre con prisas, Michelle.

La ciudad, la otra ciudad, empieza a emerger. Calles mugrientas donde te encuentras a unas ¿amigas? ¿compañeras? que saludas al pasar. Te quedas mirando fijamente a una pandilla de críos que no saben dónde se mente, ni qué se meten. Hace tanto que el colegio pasó para ti. Los dejas atrás mientras recuerdas cuando cambiabas besos por coca. Ahora intercambias algo más. Qué más da. Un chute o dos. A mamá le iba más la heroína, nunca te acuerdas de llevarle flores.A quién coño le importa. Es un trozo de tierra sin nombre, un anónimo más que fue engullida por las calles. .

Calles por donde tú ahora caminas. Te dices que no te pasará lo mismo. Pero calle abajo vas.

Quizás si se lo pides, papá te deje salir en una de sus pelis. No tienes pinchazos, tú no te pinchas.
Los tacones apenas se escuchan por el adoquinado. ¿Qué día es hoy, Michelle? ¿Martes, jueves? Quizás consigas un poco de polvo blanco en el lugar de River, así podrás aguantar toda la noche. Puede que consigas que te inviten a algunas copas si te maquillas los labios de rojo. Siempre limpia, labios rojos. No es una vida honrada pero ¿hoy día qué vida lo es? Pero siempre aseada, así te distinguen de los moribundos que inundan las aceras.

Eras una chica guapa a la que se le fue de las manos eso de divertirse, eso de revelarse, eso de… ¿qué era? ¿qué querías? Tu vida parece un solo desafinado.

¿Qué día es hoy, Michelle? ¿Martes, jueves?
Quizás puedas dormir, pero lo que quieres es seguir.


Dime, ¿aún sueñas que te cantan al oído aquella canción de los Beatles?



Michelle, ma belle…

Ella

Rutina.

Todo igual. La misma gente, los mismos deberes, los mismos temas, lo mismo todo. Desayunar, saludar, mochila al hombro. Siempre la misma ruta. Las mismas risas falsas. Los mismos chistes tontos. La misma superficialidad de siempre. Los mismos temas importantes sin importancia.

Vuelve a casa por la misma ruta, viendo los mismos rostros. Come lo habitual, habla de lo normal. Sin emoción, sin nada que le haga sonreír de verdad. Los mismos programas de televisión y otra vez enfrente de los mismos deberes de siempre.  El mismo vacío en la boca del estómago, las mismas ganas sin ganas.

Es tarde, casi entrada la noche, cuando sale de la ducha. Largo rato dejando caer el agua por todo su cuerpo. A pies descalzos, solo la toalla alrededor de su cuerpo se mira en el espejo que hay en su habitación y mira con desgana el reflejo que le ofrece: el pelo despeinado y pegado al rostro y la piel de gallina, los hombros huesudos, los brazos delgados. Deja caer la toalla y abre el armario. Busca, porque sabe que lo escondió casi al fondo, ese nuevo vestido que aún no ha estrenado. Lo pasa por su cabeza y el vestido ligero y vaporoso le viste la piel desnuda. La ropa interior de algodón es confortable y cálida. Abre esa cajita pequeña que guarda celosamente bajo la cama y delante del espejo se pinta los labios. Lo hace sin prisas y con mano inexperta, intentando no salirse. Intentando que el perfilador del ojo no se mueva demasiado.

Se peina solo un poco, desenredando con los dedos la melena castaña. Se calza unas sencillas chanclas y abre la ventana. Siente el viento fresco de la noche en su piel y por primera vez desde hace mucho, se atreve a sonreír. Porque está viva. Porque se siente bien. Porque es un poco más libre.

Sale de su cuarto.

“¿George?”

Ignora a sus padres. 


Ignora las miradas curiosas de sus vecinos al salir a la calle. Ignora a todo y a todos.

Está viva y tenía todo un mundo de posibilidades esperando, solo esperando a que se decidiera. No piensa desaprovecharlo.

GUÍA DEL VACÍO DEL ESCRITOR

¿Qué escribir cuando se está escribiendo?

Como si fuese un título de una peli de sobremesa, el último estreno rosa de Hollywood u otro nombre cualquiera en la estantería olvidada de un videoclub. ¿Cómo, que todavía no se han extinguido? Tiempo al tiempo.

Pero volviendo a la primera frase, a lo que nos atañe aquí hoy: ¿Qué escribir cuando tienes que escribir?

Cualquier don, afición, cualquier cosa que se te de medianamente bien (no es ego, es mi realidad, no molestéis a mi nube) se oxida si no lo usas. Eso me está pasando. Pasé de escribir todos los días cosas que veía, pensaba o sentía a refugiarme en la escritura de ficción y de ahí a la nada. Ya no hay ni lo uno ni lo otro.

¿Alguien tiene algún manual de autoayuda de cómo perderle el miedo a escribir? Me rehusaré a leerlo, pero prometo mirarlo mal durante al menos un par de segundos antes de olvidarlo por siempre. Un minuto si me apuráis mucho.

Esto es como un ejercicio, unas palabras insustanciales cada pocos días (no difiere mucho de lo que ya hacía en su tiempo) para ver si la hoja en blanco deja de asustarme tanto. Ni que viniese del inframundo.

LONG LIFE AND FUCKYOURSELF








MUAKS

Me he dado cuenta

...que no, no te quiero a ti. Quiero lo que sentia contigo. Sin más.

Preguntas

¿Cuándo es bue momento para olvidar?

¿Quién decide qué nos debe afectar?

¿Quién nos enseña el camino a seguir, nos dice cuándo torcer o en qué cruce parar?

¿Por qué nos caemos?

¿De qué sirve la hipocresía enmascarada?

Si no confías en ti mismo, ¿cómo aprendes a confiar en los demás?

Si no tienes respuestas, ¿vale la pena preguntarse?

Cosas que aprendes cuando creces

¿Por qué hay que ser políticamente correcto cuando correctamente te pisotean? ¿Por qué hay que soportar a gente que en realidad no soportas?

Nunca he sido partidaria de la hipocresía, aunque si hay que mentir soy de las mejores, pero no me gusta. No me agrada fingir simpatía por alguien que me saca de mis casillas con dos palabras y que detrás de esa humildad en la que se escuda sabes que solo hay celos, rabia, envidia y puñaladas traperas.  No me gusta pasar más del tiempo estrictamente necesario con gente así. Me envenenan el espíritu y ya lo tengo bastante maltrecho.

Será que crecer y estrellarte contra el barro te hacen ser cauto y te cansas de niñerías que en la adolescencia tendrían más cabida que en un mundo adulto. Será que el mundo adulto es lo bastante hijo de puta como para encima aguantar a los que aún tienen que aprender a caer y tragar gravilla.

No quiero decir que seas grosero. La educación prima donde otros no la tienen y la calma donde otros no la guardan. No te rebajes a su altura, pero no sufras con su presencia si no es necesario.

El tiempo es un bien muy preciado como para gastarlo con gente de semejante calaña.

Vive y deja vivir. Y sobre todo: vive tu vida sin tocarle los cojones a la mía y todo será más fácil, sobre todo para ti.

Carry on

A veces simplemente tienes miedo,
miedo de romperte antes de lograrlo,
de no llegar por mucho que estires el brazo,
de aislarte demasiado por decidir ir solo.

De la soledad en sí misma.

De las decisiones que tomas.

A veces se tiene miedo a la vida.
De no saber si la estás desaprovechando,
de perderte algo que los demás ven y tu eres incapaz de atisbar.
Quizás es solo miedo a seguir.
Ingenua mirada que vuelve la vista al pasado buscando respuestas.
Que no existen.

No seas tonto.
El miedo nos hace avanzar.

Carry on. Keep moving. Go on.

Guapura.

El mundo me tiene un poco harta. Pero este no va a ser otro post más en el mundo blogger sobre política, economía y puños en alto. Estoy tan cansada de todo eso que lo que leo me resulta otra comedura más de cabeza. Mucho “piensa por ti mismo” pero luego te dicen qué pensar.

Basta ya.

Y basta ya de modas. De estereotipos, de tallas, de modelos, de rankings de belleza y cómo deberíamos sentirnos. De tablas de ejercicios para entrar en una 36 antes de final de verano y qué prenda te conviene mejor para tapar tal o cual defecto.

Permitidme que hable con franqueza: iros a tomar por culo. Los que me critican por no entrar en una talla aceptable, por no tener el vientre plano y entrenar demasiado ese cuerpo tan vasto.

Creo que en este mundo no debes darle explicaciones a nadie, porque es una pérdida de tiempo. Sobre todo para mí. Pero quizás me he cansado demasiado “en silencio” sobre muchas cosas. Quizás mi método pasivo (a.k.a “me la suda todo tres mil kilos”) haya pasado desapercibido para algunos entes. Remanguémonos pues y expliquemos los pequeños intrincados de la vida. Muy pequeños.

La gente es guapa. Yo soy guapa. Quizás no del modo en el que la prensa, los anuncios y modelos nos machacan día a día a cómo deberíamos ser. Deal with it. Soy guapa. Pero resulta que si lo digo abiertamente soy una egocéntrica que no mide su humildad, en contraposición a callarme lo cual reflejaría una enorme falta de autoestima. Aclárate, mundo. Pero mientras te aclaras, yo te comento: guapa, yo, soy. A lo Yoda. Lo mismo me tienes que mirar dos veces y hablarme un poco para darte cuenta. La atractiva y arrebatadora es mi hermana, mi guapura viene más con ganársela a nivel interno. Qué shock.

Creo que cada uno es guapo a su manera y que bastante viene de dentro. De cómo piensas, cómo hablas, las tablas que tienes en el mundo y la conversación que puedas tener. Creedme: no hay nada más antimorbo que un guapo que no sabe hilvanar dos frases seguidas o te reconoce con orgullo y golpes orangutanes en el pecho que no leen porque es una pérdida de tiempo. He visto personas que valen mucho, que son increíblemente guapos desprestigiarse porque no tienen una talla x de pecho, porque tienen "mucho" culo, porque son bajitos o no se qué memez más. Todo porque alguien dice lo que atrae y lo que no. Cultivaos por dentro y lo de fuera no tendrá tanta importancia, porque todos tenemos algo que no nos agrada de nuestro físico, nos creamos complejos que no sirven de nada e intentamos enmascararlos u ocultarlos a toda costa. Me uno, he tenido bastante momentos gilipollescos de estos. Todo porque alguien dictamina lo que debe atraer o lo que no. Quizás nunca se han encontrado en el momento en el que una sola mirada te desarma, o el corazón a mil con solo un roce en el cuello. No han sido encandilados por la sonrisa anónima de alguien hablando por teléfono por la calle. 

Quizá sea el calor, la carencia de ropa o la tontura de la gente, que crece exponencialmente, el caso es que en esta época se oyen aún más sandeces de las acostumbradas.

Haceros un favor: si os arregláis, que sea por vosotros. Porque os apetece estar guapos, no para que el vecino lo piense. La autoaceptación ha de venir antes que la alabanza del vecino. A mí es que eso de lamerse los culos y comerse las pollas indiscriminadamente y con hipocresía como que me ha repelido una mijita siempre. Nada más.

Empieza viendo tus fallos, tus imperfecciones, encógete de hombros y mándalos a tomar viento. Que si entrenas sea porque es sano, no para entrar en una talla que cada marca de ropa debate qué número más bajo ponerle cada año. ¿Sirven de algo todos esos momentos frente al espejo echándonos piedras sobre nuestro propio tejado? De nada. Ya saldrás a la calle y los que se suponen que son buenos conocidos te apuñalarán un par de veces en el día antes de volver a casa, no les des más carnaza de la cuenta. Si sabes cuáles son tus defectos y los mandas a paseo, tendrás una vida más relajada y unas bonitas caras de frustración en aquellos que te critican. No hay mejor peelling en la vida.

La gente debería dejar de pensar en cómo parecer más la masa y alegrarse de ser únicos, cada uno a su modo. Que dentro de un tiempo la moda cambiará, los cánones de belleza se transformarán y volverán a comernos el coco con lo que es aceptable y lo que no.  Aceptaos a vosotros y el resto que se rasque sus propias pulgas.



Me gusta...


Andar bajo la lluvia de Londres  sin llevar paraguas, caminar por las calles oscuras de los barrios más canallas. El amanecer de California, la hierba de Escocia, las nubes de París. Los bosques de Albania, los jardines de  China, los parques de Japón, las playas de Australia.

Los dulces de Honeyduckes, la nieve en Hogsmade, los olores que envuelven el Callejón Di Agón. Los vapores de los calderos en la tienda de pociones, la snitch revoloteando alrededor de unos ojos azules, ver una cabellera rubia pasando rápida como el viento. Recibir un catálogo nuevo de Sortilegios W en primicia, ponerme la vieja capa del colegio. Usar la bufanda roja cuando hace frío.

El tacto de los vinilos antiguos, los viernes de películas. Merodear con mis chicos.

Retozar en el césped con los críos y los no tan críos. Que se preparen mojitos contando anécdotas pasadas y de ahora mientras hay risas por todos lados con rostros felices y familiares.

Andar descalza por la casa llevando una camiseta tuya, con los gatos enredándose en mis pies a cada paso y la luz entrando con fuerza por el ventanal del salón.

La música. El sonido de una guitarra bien tocada, la armonía que desprende el piano, la gravedad del bajo que se mete en la sangre. La batería marcando el ritmo del mundo.

Me gusta tu voz, porque es la voz del rock. La manera en la que pasas de los agudos a los graves, con la facilidad del que siempre ha tenido un don especial. Cuando me cantas antes de dormir, para despertarme, mientras me haces el amor. Cuando simplemente canturreas por la casa. Tus dedos sobre el piano y sobre mí. Cuando sonríes de verdad y te ríes. Ocultándote del mundo, revelándote solo para mí.

Me gusta meter los dedos en tu pelo, calmándote en momentos en los que nadie más puede. Que te acurruques junto  a mí cuando piensas que ya estoy dormida. Que te preocupes aunque te tache de sobreprotector y celoso. Cómo intentas encajar en mi mundo y cómo logras que yo lo haga en el tuyo.

Me gusta discutir contigo, hastiarme y que seas un cabezota. Porque defiendes tus ideas con fuerza y no te dejas pisotear por nadie. Y porque la reconciliación siempre es mejor después de una gran pelea. Tu armario enorme lleno de ropa que ya no utilizas, pero que no tiras porque me encanta disfrazarme con ella.

Que tengas chocolate en la despensa aunque tú no puedas comerlo. Que me esperes después de una misión con la luz encendida y haciendo esfuerzos por no dormirte, sea lo tarde que sea. Que no sepas como consolarme cuando lloro pero que siempre lo intentes.

Que siempre apuestes por mí.

Que no te canses de esto.

Me gusto un poco más cuando estoy contigo.

Me gustas tú, así. Solo tú.



Extracto de "Historias que no se olvidan"
Autor: Mei

Never let me go...

Cuando el aire te asfixia.
La piel te ahoga.
Respirar te pica.
Vivir te estrangula.

Cuando la sangre se estanque.
Tus ojos no sientan.
Tu alma no escuche.

Que la música te envuelva.
Que la melodía fluya hasta que no haya más lágrimas que derramar.

¿Me sacas a bailar?

Lo que mi mente pensaba mientras hablabas:
"Sí me importa. Estoy cansada pero no quiero quedarme en casa esta noche. Vamos a dar una vuelta, aunque sea solos. Tú y yo. Conversación insustancial que me aleje de casa. Hazme reír un rato. Invítame a una copa, o deja que te invite yo. Bésame si quieres. Pero sácame de aquí esta noche. No seas tímido, no cuelgues"

Y sin embargo: "Vale, nos vemos otro día".

Cobarde.

Extracto de...

Que mi vida es mía y que me lleve el diablo si la vendo barata, pues no tiene precio aun estando maltrecha. Solo yo, sin espada al cinto, intentando aferrarme a un ideal que desconozco en parte. Así que dime, anciano del camino, si un sueño es normal que duela tanto y haga sangrar.

Universos y diferentes tús

Hoy he leído una teoría sobre universos paralelos ideada por una chica, que lo único que quería era no ser tan tímida y tomarse un café con aquel chico.

¿Te imaginas?

Podría haber cantidad de tús y yoes pululando por ahí.

¿Nos caeríamos bien en otro universo?

Es extraño.

La cantidad de posibilidades que ofrecen las teorías de ciencia ficción. Me gustaría conocer todas las versiones de mí. Pero luego lo pienso y mejor no. Mejor todo así. Tal y como está. Ya lucharé yo por lo que es mío.




Con valor, alma de león.